Los personajes principales en‘El monstruo de Santa Elena existirán, y en un principio puede parecer que Albert Sánchez Piñol (Barcelona, ​​1965) construyó un juego cultural y sofisticado para especular sobre qué pasaría si Març de l’any 1819 Delphine Sabran, marquesa de Custine, y su padre Amant, el autor Chateaubriand, s’haguessin embarcó en el cap a l’illa atlàntica, un gairebé a dos mil kilómetros de la costa de Angola, sobre el que el imperio inglés había capturado a Napoleón tras la derrota de Waterloo. La raó del viatge, ideat per la marquise, es en la práctica uno de los temas tratados en la colección literaria celebrada fuera del castillo, «un aspecto de la vida que el arte refleja con una mirada», y se concreta en ‘Así:’ los grandes amantes, tanto en la historia como en la literatura, han probado su gran amor para vencer dos grandes obstáculos: una gran distancia y un gran adversario.” Chateaubriand debe responder al dilema del amante del seva, “satisfacerme o decepcionarme, seguirme o tolero que caiga en la compañía de Napoleón Bonaparte”, rival político y enemigo personal del autor, acepto claramente que repte d’anar fins a l’illa de Santa Helena, afrontando esa aventura desplagui li.

Durante los primeros compases de la novela, El monstruo de Santa Elena A modo de diario escrito por el marqués, el lector sigue los cambios marítimos, reps de las primeras impresiones geográficas, climatológicas y peculiares de la isla -tot es lugubre- con las peculiaridades del gobernador de l’illa y el sargento. mayor que el mando de los soldados, se familiariza con la tendencia a la sátira, el sarcasmo y el esperpento del narrador, y a pesar del aire más antiguo, con el paisaje de dibujos animados, que impregnan la narración, no hi has res that destorbi la camí de la versemblaça històrica – el único gordo anormal es el ser de un oficial cerca de la «temporada Bigcripi». Mientras tanto, el lector también pensaba que Albert Sánchez Piñol preparaba prensas sentido-cap para lo que parece ser el clímax de la trama: el encuentro de la marquesa de Custine y Chateaubriand con Napoleón, y en estas páginas más sobre una incipiente dosis de intriga. gracias a la intervención de una bruja nativa, las estrategias utilizadas se deben de manera convincente a la presencia de la realidad humana, y las descripciones, diálogos y atmósferas que se esperan de un autor de verdad assoleixen prou unidad literaria. Pero tras col·lisió y contrarietats representando el reencuentro con Napoleón

—Un episodio que no está a la altura de las expectativas que se han suscitado y sí a la codicia del perpetrador—, el lector entiende que las intenciones del autor van por otro camino, y Aleshores sabe que ha pasado El mateix en el toldo, como mientras estuvo en una fonda de l’ill, pensar que soroll siguió como tormento la da feina dels corcs quan, en realidad, se debe a xisclets d’un exèrcit infinit de rates: Respecto a la aparición de una novela de historia-ficción, Albert Sánchez Piñol vuelve a la novela de aventuras fantásticas y aventuras de terror, gracias a la aparición de un monstruo marino -el Bigcripi- tan destructivo como Napoleón, s’endinsa exhaustivo en les lleis -canto en gordo- que controla el destino de los serie B. Pero cuando llegué al corazón de la acción, la guerra contra el monstruo, el ego del lector terminó con un sentimiento similar al de la novela anterior Hongo, a pesar de los cuentos de hadas que convoqué, parecía que terminé imponiendo un cierto parálisis y narrativa, como si en términos de efectividad verbal prefirieras poner más énfasis en el espectáculo de las peleas.

No deja de ser un discurso sobre el poder, la maldad y la tiranía, con Piñol es eficaz repartiendo intriga y suspenso

Potser resulta excesivamente creíble en la transparencia de la faula moral que cuenta s’hi -la novela no deja de ser un discurso sobre el poder, el mal y la tiranía-; potser hi haurà qui consideri at samtalene mellem de tre hovedpersonene utlede mass sovint cap el soliloquy; y quizás se considere un hándicap la voluntad de Albert Sánchez Piñol de evitar que cualquier lector se pierda entre las coordenadas históricas -y eso hace que el relato del toldo esté saturado de información-. Hasta que així, El monstruo de Santa Elena No representa una lectura cansada porque Albert Sánchez Piñol no es más ineficaz a la hora de repartir intriga argumental y suspenso, recomienda un verso cómodo para convertir algunos personajes históricos en elementos nuevos, y triunfa en la descripción de la ambigüedad ética en parte contendientes ii su transfuguisme.

Por 0utkf

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